Esa casa de los abuelos, el auto familiar, los ahorros de toda una vida. En Argentina, miles de patrimonios, grandes y pequeños, se encuentran atrapados en un limbo legal. No es un problema de papeles; es una bomba de tiempo económica y familiar que se activa con la frase: «Ya lo haremos después».
La sucesión no es un simple trámite burocrático que se puede postergar. Es el único interruptor que puede «encender» el valor de una herencia. Mientras no se accione, ese patrimonio está, a efectos prácticos, congelado. Y en la Argentina de hoy, lo que se congela, se devalúa y se pierde.
El Costo Real de la Inacción: La Inflación No Perdona
Un inmueble que no puede venderse, alquilarse o usarse como garantía es un capital muerto. En un contexto de alta inflación, cada mes que pasa, ese capital pierde valor real de forma drástica. Mientras los precios suben, el valor de la herencia que no se puede movilizar se desploma.
A esto se suma la acumulación de deudas: impuestos inmobiliarios (ABL, ARBA), tasas, expensas y servicios que no se detienen. Estas obligaciones siguen creciendo y, eventualmente, deberán ser saldadas por los herederos, comiéndose una porción cada vez mayor del valor original de la herencia.
El Laberinto Legal se Agranda con el Tiempo
Esperar no simplifica el proceso; lo complica exponencialmente. El mayor riesgo es la «doble sucesión»: si uno de los herederos fallece antes de que se complete la primera, se deberá iniciar un segundo juicio sucesorio, entrelazando ambos procesos en una maraña legal mucho más costosa y lenta.
Además, con el paso de los años, los documentos se extravían, los títulos de propiedad se deterioran y los registros se vuelven más difíciles de rastrear, añadiendo obstáculos y costos imprevistos a un trámite que pudo ser simple.
El Impulso del Conflicto Familiar
El tiempo no cura las disputas por herencias; las agrava. Lo que comienza como una diferencia menor sobre el destino de un bien puede transformarse, con los años, en un conflicto familiar irreconciliable. La falta de una resolución legal clara es el terreno más fértil para el resentimiento y la ruptura de lazos. Iniciar el proceso sucesorio establece reglas claras y un camino legal que protege las relaciones familiares de la ambigüedad y las suposiciones.
La Urgencia de Actuar
En la Provincia de Buenos Aires, por ejemplo, existe el Impuesto a la Herencia (ITGB), una obligación fiscal que no desaparece. Enfrentar este y otros costos con un patrimonio ya devaluado por la espera es un golpe doblemente duro.
Iniciar la sucesión hoy no es un gasto, es una inversión estratégica. Es la decisión de proteger el futuro, de liberar el potencial de un patrimonio y de honrar el esfuerzo de quienes lo construyeron. No se trata de remover el pasado, sino de asegurar que el legado familiar tenga un futuro tangible y próspero. La pregunta no es si se puede esperar, sino cuánto más se está dispuesto a perder.


